verdades
La Balconada, 5 de abril del 17 8 33 am Alicita duerme arriba. Yo me levanté muerta de calor y abrí la ventana. El cielo de todos colores. Las ventajas de los días cortos. Tampoco era tan temprano. Me metí en el baño, me acordé y abrí la puerta de la casa por si venía Javier y cerré la puerta del baño. Cuando salí, con el pijama en la mano, la gata me ronroneaba debajo del marco. Me la quedé mirando puta madre, me olvidé que andaba en la vuelta. Es gata, no gato. Se dió vuelta con la colita parada mientras yo estaba inmóvil, paralizada, tratando de decidir qué hacer con semejante dulzura de la cual sigo sin estar dispuesta a hacerme cargo y mucho menos hasta que se muera... Ella seguía dando vueltas alrededor de mis pies descalzos. Refregándose al pasar contra mis piernas y dejando claro que se instaló acá. Definitivamente la bicha estaba totalmente domesticada. No se las va a arreglar sola. Me lloraba. No había que ser muy inteligente para notar que estaba cagada...